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EXHIBICIÓN

08

nov
2013

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En EXHIBICIÓN

Por PACO GALINDO

Only God forgives, ¿el auténtico Drive?

Fecha 08, nov 2013 | Deja tu comentario | En EXHIBICIÓN | Por PACO GALINDO

Nos arriesgamos a afirmar que hay dos tipos de público para Only God forgives: los que esperaban que esto fuese Drive 2 y los que sabían que esto iba a ser el auténtico Drive de su autor Nicolas Winding Refn. Nos explicamos: aunque cierto es que las aventuras del conductor samurai de la anterior colaboración entre Ryan Gosling y Winding Refn resultaba uno de los thriller más estimables en mucho tiempo, también es cierto que dicha producción tenía mucho de calculado. El salto a Hollywood de un autor foráneo minoritario apadrinado por la estrella del momento, una película pactada, con lo mejor de cada casa sí, realizada para el disfrute de un público con ansias de calidad pero un público mayoritario al fin y al cabo. Prueba de ello es que copiaba con descaro al The driver de Walter Hill hasta en el título, sabiendo que gran parte de su audiencia no se molestaría en rescatar un título de tres décadas atrás, pero sí iba a sentirse atraída por el aura indie y cool que envolvía la película.

¿Y por qué hay que desmitificar Drive para defender Only God forgives? Pues sencillamente porque ahora sí estamos ante una película de autor, libre y sin pose. Un reto que cada cuál es libre de aceptar, por supuesto, pero si algo es innegable es que conociendo la filmografía de Winding Refn anterior al éxito de Drive, estamos ahora ante una de sus películas más personales. Donde gracias al famoso dicho hollywodiense “vales lo que tu última película” (y hay que recordar que ésta es una producción rodada fuera de la meca del cine) ha podido contar con un presupuesto holgado a la vez que llevar al extremo su personal y visceral autoría, aquella que hacían únicos, pese a sus influencias, títulos tan salvajes como Valhalla Rising, Bronson o la trilogía Pusher.

Sobre este Only God forgives es mejor no plantearse nada hasta que finalice, simplemente dejarse llevar, por sus silencios cómplices o exasperantes, su capacidad de abstracción, sus personajes tan singulares como arquetípicos (¿acaso no lo son también en los grandes westerns?), que se mueven sólo por sentimientos negativos (salvo uno de ellos que siente amor… a cantar sobre un escenario). Porque si hay algo que da coherencia a tanto nihilismo es sin duda la estética por la que opta a rajatabla Winding Refn.

Remarcable resulta que su director de fotografía sea de nuevo Larry Smith quien estuvo a las órdenes del maníaco Stanley Kubrick en su obra póstuma Eyes wide shut. Como en aquélla, hay una búsqueda de colores cálidos y fríos, contrastes en un mismo plano, encuadres fijos en opresivo formato 1.85:1 (renunciando al panorámico) que no sólo retratan un Bangkok irreal. También nos  dan una pista del sentido moral de cada secuencia, nos ayudan más a posicionarnos con lo que estamos viendo que sus hieráticos personajes de mínima gestualidad y escuetos diálogos. Para captar todos ese amalgama visual se ha recurrido a las cámaras Arri Alexa Plus, cada vez más extendidas tanto en grandes producciones cinematográficas como en el sector televisivo (desde Los Vengadores a Person of interest) por su fácil manejo y la calidad de sus resultados, aunque para no casarse del todo con nadie también se han utilizado las Red Epic. Las lentes son Cooke S4, ideales para captar destellos y poder modularlos. Controlando en definitiva al máximo la imaginería buscada por su autor.

Y es que el manierismo del que hace gala Winding Refn convierte Only God forgives en una de esas películas que sólo se pueden odiar o amar sin término medio, a no ser que uno esté a la altura de Dios. De esas películas que defender o atacar te coloca a la altura de la ignorancia o en la cresta de la modernidad del momento. De esas películas que te están tomando el pelo o que te hacen partícipe porque sus responsables tienen el detalle de considerarte tan inteligente como ellos. De esas películas que hay que ver.

 

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